Julio 15 1P1.7 serio y orar1 Pedro 4:7 “Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed*~, pues, sobrios, y velad*~ en oración.”

Durante las últimas dos décadas, la controversia referente a la Segunda Venida de Cristo ha cambiado su perspectiva.

El crecimiento explosivo del Cristianismo ha hecho pensar a algunos que el mundo se volvería cristiano.

Como resultado, las enseñanzas de los últimos tiempos han minimizado el inminente retorno de Cristo. Sin embargo, la masiva conversión mundial a Cristo puede ser la “puerta abierta, la cual nadie puede cerrar” de Apocalipsis 3:8. Esa profecía promete: “Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo” (Ap 3:10).

Habla del Arrebatamiento de todos los creyentes antes de iniciar los siete años de “prueba” o tribulación. ¡Estamos a las puertas! Todo apunta al retorno inminente de Cristo. Pedro da dos mandamientos que afectan nuestras oraciones en los últimos tiempos.

Primero, “inmediatamente y urgentemente decidirnos a ser sobrios” (cuerdo, con mente sana, con mente sobria, disciplinado).  Debemos mantener la perspectiva de vivir a la luz de Su inminente retorno, obedeciendo Sus propósitos, sin entrar en pánico cuando las cosas se vuelvan contra nosotros.

No hacerlo puede ser peligroso: “Sed sobrio, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar” (1 P 5:8). Ser irracional, explosivo o impulsivo solamente da apertura a los ataques demoníacos. Los creyentes debemos “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Co 10:5).

Segundo, Pedro nos exhorta a “urgentemente velar”,  (tener “buen juicio, autocontrol”). No debemos ser ingenuos o demasiado confiados pensando que todo prosperará.  Estudiando la Palabra de Dios aprendemos a ser sabios, a saber cómo piensan los necios (Proverbios), a conocer las verdades de las Escrituras para reconocer el error, y a nunca permitir ideas o prácticas que enfríen nuestra rica comunión con Dios.

Tal como el Padre y el Hijo tienen la misma mente, “haya pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Fil 2:5). Debemos pensar como Dios, según Su Palabra, y así orar eficazmente.

 “Ayúdame a vivir pendiente de Tu inminente retorno y determinarme a tener una mente sobria y a disciplinarme con las enseñanzas de Tu palabra para que puedas utilizarme en alcanzar Tu meta de llevar el evangelio a los confines de la tierra.”