11 Cor. 14:20 “Hermanos, no seáis niños~| en el modo de pensar, sino sed niños~~ en la malicia, pero maduros ~~ en el modo de pensar.”

Convertirse en adulto no implica madurez emocional, tampoco se logra madurez espiritual por ser cristiano durante muchos años. 

Pablo describió ese proceso como siendo “transformados por la renovación de vuestro entendimiento” (Ro 12:2).  Solo seremos transformados a Su imagen si nos abrimos a las enseñanzas de la palabra de Dios y decidimos conscientemente hacer que Sus pensamientos sean nuestros pensamientos.

Los creyentes de Corinto venían a la iglesia con ideas preconcebidas y puntos de vista falsos. Anteriormente, en esta epístola, Pablo les  describió como “niños en la vida Cristiana” (1 Co 3:1NLT).  El abuso que hacían de los dones espirituales confirmó ese análisis.  Debemos saber que pensamientos equivocados llevan a creencias equivocadas y después a valores y convicciones equivocados, generando respuestas emocionalmente erradas.

Sus pensamientos y creencias infantiles se debían al exagerado valor que le dieron al don de lenguas. No les interesaba nada más. Incluso las Escrituras habían perdido su atractivo y la enseñanza sencilla de los textos no era tan emocionante como una lengua supuestamente milagrosa. Los niños siempre prefieren lo emocionante antes que una instrucción sólida, pero los adultos deberían pensar diferente.

Pablo les decía que era infantil pensar que las lenguas, que les provocaban experiencias de éxtasis, y les hacían sentir importantes y espirituales eran lo máximo. Malinterpretaban místicamente la realidad.   Tenían poco interés en los demás, por lo tanto carecían de amor y eran carnales. Los Corintios necesitaban ser “niños en la malicia”, es decir  inexpertos, ignorantes y desinteresados en la maldad.

Usando la misma forma verbal, Pablo ordena, “pero maduros en el modo de pensar”.  Los Corintios no estaban abiertos a nuevas enseñanzas, ni estaban interesados en servir a otros, sólo querían repetir su clímax emocional. Para los inmaduros, la experiencia siempre supera a la verdad, y la opinión personal supera a la voluntad de Dios.

¿Estás deseoso de imitar a los Bereanos  (Hch 17:11) que “escudriñaban cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran” como Pablo las enseñaba? Debemos comprometernos a descubrir lo que la Palabra de Dios dice, no lo que queremos que diga.

“Señor, es infantil basar mis creencias espirituales solamente en mis sentimientos y experiencias.  Hazme sabio a través de Tu palabra y capaz de pensar de una manera madura, abriendo la puerta para el verdadero ministerio.”