Ef. 6:9 “Vosotros, amos, haced~~ con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.”

Cada año se escriben miles de libros con principios de administración. Sin embargo, los conflictos persisten, y lamentablemente a menudo es aún peor en las organizaciones cristianas.

Algunos “amos”, que son los gerentes o líderes de hoy, usan el miedo para motivar y controlar a sus subordinados, tal como se habrían conducido en el primer siglo para que los esclavos trabajen. ¿Cómo podría diferenciarse un empleador Cristiano de un empleador secular?

Algunos dicen que los principios Cristianos no sirven en el mundo de los negocios. Sin embargo, los administradores cristianos deben vivir bajo los mandamientos de las Escrituras, tal como cualquier creyente.  Ellos deben, como prioridad, estudiar los mandamientos y meditar la forma de aplicarlos en cada situación.

Este mandamiento habla de cómo el empleador que ha llegado a ser cristiano debe tratar a sus empleados.  Debían “estar haciendo cosas repetidamente para tratar” a sus esclavos “de la misma manera” como los esclavos debían preocuparse por el bienestar de sus amos (Ef 6:5-8).

Los amos, en su mente, consideraban a los esclavos menos que humanos y eran meros recursos para el trabajo. Generalmente, las amenazas era la única manera de controlarlos; sin embargo, esas técnicas de manipulación están prohibidas para los líderes cristianos que deben continuamente “renunciar al uso de las amenazas”.

Cuando Pablo escribió a los Colosenses acerca de este problema, dijo,  “Amos, sean justos e imparciales con sus esclavos.  Recuerden que ustedes también tienen un Amo en el cielo” (Col 4:1).

El pasaje de Efesios añade, “Para Él no hay acepción de personas”, porque no existe una relación empleador-empleado en el cielo, todos somos iguales ante Dios.  Si no hay “favoritismo” o “parcialidad” con Dios, entonces tampoco debería haberla entre nosotros.

Todos, incluso los subordinados, deberíamos ser tratados como hermanos.  ¿Cómo puedes tú aplicar estos principios en tu situación de trabajo?

Padre, Tu caminar conmigo me ha enseñado cómo tratar a aquellos que están bajo mi responsabilidad, y reconozco que no puedo pretender ser nada más especial para Ti que ninguna otra persona.  Que yo honre Tu Nombre por la forma como trato a otros.”