Junio 18 Lu3.11 ComparteLucas 3:11 “Y respondiendo, les dijo: ‘El que tiene dos túnicas, *~ al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo.’

Pablo escribió, “raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Tim 6:10), y la generosidad es una de las señales más claras de una vida transformada a la semejanza de Cristo. 

Juan había estado diciendo a la multitud que haga conciencia de su pecaminosidad y que se arrepienta y cambie su falso concepto de que eran buenos porque eran religiosos.

Ellos no practicaban las disciplinas que mostraban que el amor de Dios había cambiado sus vidas.  Ninguna de las enseñanzas de Juan habla de recibir justicia por méritos propios:  la justicia se otorga solo a partir de la fe en la gracia de Dios, y esto sucede en el corazón (Ef 2:8-9).

Tres grupos de personas le preguntaron a Juan “¿Qué debemos hacer (para demostrar fe y arrepentimiento)?” (Lucas 3:10, 12, 14).  A la multitud le dijo que comparta con los necesitados.  A los cobradores de impuestos, que sean justos y que “no recauden más… de lo que el gobierno requiere”.

Finalmente, a los soldados les dijo que no extorsionen ni hagan falsas acusaciones, y estén satisfechos con su salario. La lección es que no debemos restringirnos a una“túnica”.  Cuando Dios trae, providencialmente,  gente necesitada a tu vida y tienes una “túnica” extra –o algo más- tu nuevo espíritu debería responder compartiendo tus recursos de manera generosa, sabia y voluntaria.

Pablo enseña acerca del don espiritual de dar: “Si tu don es dar, hazlo con generosidad” (Ro12:8NTV). Los creyentes generosos se convierten en modelos para el cuerpo de Cristo y demuestran el gozo de dar.

Construimos una disposición generosa al dar secretamente, de forma que ni la persona que recibe la ofrenda sabe quién se la dio.  Generalmente, cuando damos, alimentamos nuestra carne al esperar ser recompensados aunque sea con aprecio.

Si tu respuesta emocional es ira o dolor cuando te reconocen poco o nada por un regalo, entonces puedes saber que tu carne está buscando su satisfacción. 

Si das por amor, tu motivo es netamente suplir la necesidad de otra persona, no la tuya propia.

“Mi egoísmo se muestra tan fácilmente cuando mis derechos o mis posesiones son amenazados.  Enséñame a dar en lugar de aferrarme;  y, a ser un siervo en lugar de ser un ególatra que quiere todo para sí mismo.”