11 Tim. 3:10 Y éstos también sean sometidos a prueba~~  primero, y entonces ejerzan~~ el diaconado, si son irreprensibles.

Todo el que ha llegado a ser seguidor de Cristo debería buscar servirle de todas las formas posibles. La Escritura da dos posiciones oficiales en la iglesia: pastor (también anciano u obispo intercambiablemente) y “diácono” (“siervo, alguien que cuida de las necesidades de otros, ayudante”). 

Debido a que la función principal del pastor/anciano/obispo es la de “equipar a los santos para la obra del ministerio” (Ef. 4:12) y dedicarse a la preparación de la palabra y a la oración (Hechos 6:4), muchas de las otras funciones de la iglesia deben ser delegadas a hombres fieles llamados diáconos.

Diácono significa no solamente una posición oficial sino también un estilo de ministerio servicial.  Jesús se identificó a Sí mismo en Marcos 10:45 como alguien que sirve.  A un líder del Nuevo Testamento normalmente se lo llama “ministro” o “siervo”: “¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?  Servidores por medio de los cuales habéis creído” (1 Co 3:5). Este término muestra también una filosofía general de ministerio. Los líderes deben ser líderes-siervos.

Pablo comienza esta sección diciendo “igual que los diáconos”.  Así como los pastores deben tener sus calificaciones, también los diáconos deben tenerlas (1 Ti 3:8-9, 11-12).

Aquellos que sirven “bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (1 Tim 3:13). La palabra “grado”  significa un “peldaño o paso”, viene de una palabra que se usa para un soporte elevado, muy apreciado por su alivio y comodidad.

El primer mandamiento en 1 Timoteo 3:10 es para quienquiera que desee servir en un nivel más alto de responsabilidad.  Debe ser “sometido continuamente a prueba” (significa “examinar, [ser] probado”) para determinar si es realmente fiable y digno de confianza y no está buscando beneficios personales. ¿Es él un siervo, o está buscando poder?

El segundo mandamiento es “dejarlos continuamente servir como diáconos” (lit. “actuar como mediador”). Cada adulto debería esmerarse para calificar como diácono o como esposa de diácono y servir con ilusión a Su cuerpo, a la iglesia como tal.   ¿Estás interesado/a?

“A nadie le gusta ser probado, Señor, pero Tú estás probándonos a todos nosotros, todo el tiempo.  Mantennos honestos con nosotros mismos enviándonos personas que nos exhorten y nos motiven para servir juntos.”