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Abril 1. Reconoce a los siervos de Dios.

1 Cor 16:18 “Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced~~, pues, a tales personas.”

¿Cómo muestras agradecimiento a alguien, y qué tan a menudo deberías hacerlo sin “echar a perder” a esa persona?  Pablo describió las contribuciones de algunos obreros de la iglesia de Corinto.

Estéfanas era  un nuevo convertido que maduró hasta ser líder del ministerio. Toda su familia fue elogiada: “…ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan” (1 Co 16:15-16).

“Estéfanas, Fortunato y Acaico” (1 Co 16:17), fueron de gran ayuda para Pablo y dice, “refrescaron mi espíritu” (lit., “me dieron descanso”). ¡Qué placer tener personas que con actitudes desinteresadas e interés sincero en tus necesidades, aún posponiendo sus propias necesidades, levantan tu espíritu con alegría! Los de la iglesia debían “someterse a gente así”.  Gente comprometida a servir a los de la iglesia y a los demás, sin buscar su propio beneficio, demuestra ser digna de confianza.

El mandamiento de “reconocer” (lit., “hacer conocido”) es de doble filo.  Debemos motivar a todos los obreros y líderes del ministerio, no solamente dándoles honor, sino también diciéndoles constantemente que nos refrescan con su espíritu y contándoles los beneficios específicos que recibimos de ellos.  Esto es adicional al reconocimiento material, el cual también es engañoso, porque la codicia es sutil y engaña.

No olvidemos la advertencia de que, si procuramos hacer el ministerio “para ser vistos” (Mt 6:1), o “ser alabados por los hombres” (6:2), entonces ¡no habrá recompensa en el cielo! Es siempre bueno reconocerlos frecuente, privada e individualmente.

Al ministrarnos unos a otros, podemos animarnos, elogiarnos, estimarnos, cuidarnos, servirnos, y someternos mutuamente en un espíritu de amor y paz. Siempre es bueno hacer saber a tus líderes cuán efectivo ha sido el ministerio de ellos en tu vida espiritual y en tu madurez. ¿A quién has reconocido y apreciado recientemente por ser un desafío y una bendición en tu caminar con Cristo?

Soy tan egoísta y pienso tanto solo en mí que encuentro difícil querer que otros sean  más reconocidos y honrados que yo.  Dame ideas para animar a mis líderes y fortalecer su reputación.”

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