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Agosto 29. Vístanse de Jesús y no provean para los deseos de la carne.

Ago 29 Ro13.14 vestíosRo. 13: 14 “Sino vestíos*~ del Señor Jesucristo, y no proveáis~| para los deseos de la carne.”

En la selva explicábamos lo que significa el bautismo diciendo que es como ponerse una camiseta que a ambos lados dice, “Yo pertenezco a Jesús”.  Sin avergonzarnos, debemos identificarnos públicamente con todo lo que Cristo ha hecho, y con Quién Él es.

Seguir a Cristo significa parecerse lo máximo posible a Jesús en la vida diaria. Pablo dijo, “Andemos como de día, honestamente; no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia” (Ro 13:13).

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Ef 4:22-24).

Todos los creyentes que son “bautizados” [“sumergidos”] en Cristo se “han vestido con Cristo” (Gál 3:27). Dios, en Su gracia, nos viste con la rectitud de Cristo (1 Co 1:30; Ro 3:22). Seguros de nuestra salvación por medio de la fe,  debemos continuar viviendo como Jesús lo hizo.

Un atleta se puede poner el uniforme de un equipo campeón, pero eso no determina su valor como jugador, lo determina su propio desempeño.  Nuestro valor para Cristo y la calidad de nuestra fe están determinados por la obediencia a Su Palabra y por nuestra influencia para que otros le sigan a Cristo.

Después de “ponerse a” Jesucristo, el creyente debe despojarse del pecado y “no proveer para los deseos de la carne”. “No proveáis” significa  “no planificar de antemano”. Santiago dijo, “cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado” (Stg 1:14-15). La mayoría de personas no “caen en pecado” sino que “planifican hacer el mal” (Prov 24:8).

La “provisión” para el pecado comienza en nuestros corazones y mentes, los cuales son influenciados por los deseos de nuestra “carne”. Si llenamos nuestras mentes con pensamientos de Dios no damos oportunidad a nuestra carne para tentarnos a hacer el mal.  Permitamos que la Palabra saque de raíz el pecado de nuestro corazón.

“Gracias, Señor, por vivir dentro de mí.  Ayúdame a nunca hacerte sentir mal por mis pensamientos o deseos.  Ni siquiera quiero pensar en pecar contra Tu palabra.”

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