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Diciembre 23. Corran para ganar.

1 Cor. 9:24 ¿No se dan cuenta de que en una carrera todos corren, pero sólo una persona se lleva el premio? ¡Así que corran~~  para ganar!.

La mayoría de la gente no imagina el precio que un atleta paga para ser un ganador. Los juegos Olímpicos ya existían en el tiempo de Pablo y, en Corinto, cada dos años se realizaban los juegos del Istmo. Los atletas venían de toda Grecia para competir y obtener los más altos honores del Imperio. Llegaban para prepararse durante diez meses con un entrenador haciendo prácticas interminables de ejercicios sacrificiales, abnegados y dolorosos.

Si supiéramos lo que en realidad significa la promesa de Mateo 5:12, “vuestro galardón es grande en los cielos”, nuestras vidas estarían completamente dedicadas a ganar el premio. Jesús enseñó a Sus discípulos a renunciar a sus vidas y a sus ambiciones para seguirle a Él y hacerle conocido. ¿Has comenzado tu viaje dando este paso en tu vida, o vas a ser un espectador como la mayoría de los que escucharon a Jesús en el primer siglo?

La frase “todos corren” es para ilustrar que todo creyente está en el camino, sea que lo desee o no. Pablo no dice que solamente uno de todos los millones de creyentes va a recibir el galardón, sino que todos aquellos que se esfuercen serán recompensados. Quería que cada creyente tome en serio su vida espiritual así como toma un atleta su acondicionamiento físico.

La orden es que “continua  o habitualmente corran para ganar” al servir al Rey. Pablo dijo, “…he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo” (1 Co 15:10).

¿Cuál es el premio que hace que todo esto valga la pena? Pablo escribió, “Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en su venida?” (1 Ts 2:19). Su meta no era una corona egoísta de gloria, sino toda la gente que él había ganado para Cristo. Para él, su relación con  sus hermanos en Cristo significaba más que la vida misma.

La carrera es contra el tiempo. Nuestra permanencia en la tierra es tan corta y las oportunidades de compartir el evangelio son fugaces y no pueden ser desaprovechadas. Debemos aprender a contar, en cada encuentro, la historia del amor de Jesús por los pecadores. ¿Te entrenarás para correr con tu vida esta carrera?

“Me dices, Señor, que haya un gran galardón para vivir para los propósitos de tu reino. Cualquier honor que Tú daría a Tu siervo no es merecido, pero te doy las gracias por el ánimo que cualquier cosa hecho por Ti jamás es olvidado o en vano.”

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