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Enero 27. No sigas siendo incrédulo.

Juan 20: 27 Luego dijo a Tomás: : “Pon~~ aquí tu dedo, y mira *~ mis manos; y acerca~~ tu mano, y métela*~ en mi costado; y no seas~|incrédulo, sino creyente.”

     Es difícil entender cómo los discípulos  de Jesús “no creían” en Él aún después de tres años. Tomás se mantuvo escéptico hasta que Jesús le dio pruebas irrefutables de que se había levantado de la muerte. Él lo vio morir. Habían pasado 8 días y había escuchado los testimonios, pero nunca estuvo cuando Jesús apareció. Este momento fue planificado específicamente para Tomás. Jesús quería enseñarle una lección visual.

Cuando Tomás vio a Jesús, reconoció que Jesús era muy diferente a Lázaro, a quien Jesús restauró a la vida. El de Jesús no era un cuerpo físico sujeto a limitaciones físicas, ni tampoco era una aparición de un espíritu porque lo podía tocar, además Jesús comió con ellos. Su forma era completamente diferente: la forma resucitada que Jesús prometió a todos los que crean en Él.

Tomás se convenció al ver y tocar a Jesús, y Jesús aceptó esa convicción, y luego dijo: “Bienaventurados [son] los que no vieron, y creyeron” (20:29).

Tomás pudo haber aceptado lo que sus compañeros decían, pero él quería una evidencia concreta. En Su misericordia, Jesús le dio a Tomás todo lo que necesitaba y aún más. “Pon aquí tu dedo y mira…acerca tu mano, y métela en mi costado”. Qué tonto debió sentirse por sus dudas: Jesús había sido Dios encarnado en forma humana esos últimos tres años. ¡Estaba parado en la presencia de Dios!

En humilde sumisión y convicción, Tomás dijo: “¡Señor mío, y Dios mío!” Él pensó, “¡Tú en realidad eres Quien decías ser!”. Lo que sabemos es que su vida nunca fue la misma. La tradición dice que Tomás habría llevado las noticias de la vida y resurrección de Jesús a las costas de la India.

Jesús era y es increíblemente paciente con Sus seguidores, pero nosotros debemos cruzar la línea: “no seas incrédulo, sino creyente”. Podemos confiar en lo que dicen las Escrituras de que Él es real y está vivo: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Ro 10:17).

Debemos decidir confiar en ella -toda ella-, sin dudar, y luego depender en Su presencia viva, Su poder perpetuo y Su pronto regreso. ¿Necesitas pruebas adicionales a la Palabra escrita de Dios para confiar en Él y obedecerle?

“Señor, desde lo profundo de mi corazón quiero demostrar mi confianza en Tu palabra.  Dame la valentía para actuar lo que sé de ella sin necesitar ninguna señal especial ni confirmaciones para practicar todos Tus mandamientos.”

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