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Febrero 12. No traigas ofrenda sin primero reconciliarte.

Mt. 5: 23-24 “Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja*~ allí tu ofrenda delante del altar, y anda~~, reconcíliate*~ primero con tu hermano, y entonces ven*~ y presenta~~ tu ofrenda.”

Muchos creen que pueden hacer actos espirituales válidos para Dios (orar, ofrendar, adorar) sin que importe la condición de sus corazones. Aún más engañoso es creer que podemos separar nuestra relación con Dios de nuestra relación con nuestros hermanos creyentes.

Primero, no existe acto espiritual de sacrificio o ceremonia de adoración que pueda cambiar nuestra relación espiritual con Dios. Cualquier acto espiritual es solo una muestra de la realidad de tu corazón. Si no es un corazón arrepentido, entonces no hay validez en ningún acto religioso. Jesús está diciendo que Dios no aceptará ningún acto de adoración si no se arregla cualquier relación quebrada u ofendida con un hermano creyente.

Segundo, es una farsa hacer cualquier acto de adoración si es que hemos ofendido a un hermano. Todo hermano creyente, sea que nos guste o no, es parte del cuerpo de Cristo. Cuando Pablo perseguía a los cristianos, Jesús le preguntó: “Saulo, Saulo, ¿por qué ME persigues?” (Hch 9), así que, cualquier cosa que hagas a un hermano cristiano (sea buena o mala), es igual que hacerla a Jesús.

El principio es este: Si eres un creyente, debes saber que no tienes una buena relación con Dios si estás mal con uno de tus hermanos en Cristo. Si has murmurado, criticado, o abusado verbalmente de un hermano, hiriéndole o dañando su reputación, entonces le has hecho daño a Jesús, con el resultado de que Él está tan dolido como el hermano a causa de tus acciones. 

Aquí ordena: “urgentemente decide reconciliarte” con tu hermano. El verbo reconciliar  significa “renovar la amistad con alguien”. No esperes que la otra persona cambie, o venga y pida perdón. Así como te humillarías delante del Señor por haberle ofendido, así debes ir y reconciliarte con tu hermano, mostrándole tu dolor (sin tratar de justificar tu acción o palabras). El objetivo es restaurar el vínculo mutuo y el sentido de unidad en Cristo. 

¿Por qué continúo pensando que puedo tener una relación íntima contigo mientras he herido a otros con mi lengua o me he negado a humillarme para pedir perdón? Señor, guárdame de vivir en negación, y que yo busque agradarte a Ti.”  

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