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Febrero 15. Toma la Cena del Señor.

1 Cor. 11:24, “y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad*~, comed*~; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced~~ esto en memoria de Mí.”

Hay solo dos actos que Jesús les dijo a Sus discípulos que practiquen en obediencia y honor a Él: el bautismo y la Cena del Señor.  Pablo recibió esta enseñanza de Jesús mismo cuando se le apareció después de la resurrección: “Yo recibí del Señor lo que también os he enseñado” (11:23).

Cuando comenzó Su última cena con Sus discípulos, Jesús “tomó pan y dio gracias” por la comida que iban a tener, luego Él hizo una declaración, “Este es mi cuerpo que por vosotros es partido”. Al final de la comida, Él tomó una copa de vino y dijo, “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de Mí” (1 Co 11:25). 

Los significados de estas palabras varían según las principales tradiciones Cristianas, pero la Biblia no enseña algo místico (que Cristo está místicamente presente en estos elementos) o algo mágico (que Cristo está físicamente presente en los elementos). Era para ser un “memorial.”

Lo principal de este pasaje es el mandamiento: Las iglesias deben “estar continuamente haciendo esto (acción) en memoria de Mí” (recordando regularmente el cuerpo y la sangre de Jesús entregados en sacrificio para la redención de todos los pecadores). ¿Podríamos olvidar lo que Él hizo en la cruz por nosotros? Aparentemente, la respuesta es “sí”.   

El Señor le prometió a Israel un nuevo pacto en Jeremías 31:33 “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios…” Ahora, Jesús abre este pacto a todos quienes pongan su fe y confianza exclusivamente en Su muerte y en el derramamiento de Su sangre para la limpieza de sus pecados.

El sacrificio de Jesús al hacer el pago -una vez y para siempre- por los pecados, demanda un refrescar perpetuo en nuestras mentes (He 9:23-28).

La señal de este nuevo pacto es que Él pondrá Sus mandamientos en nuestros corazones; por eso, el deleite del redimido es conocer y hacer Su voluntad. ¿Se destroza aún tu corazón cuando meditas en la cruz y en que Dios tuvo que ir a tales extremos para poder perdonarte tus pecados?

Cuando recuerdo Tu cruz y lo que tuviste que hacer para pagar mis pecados, me siento tan indigno y cada vez más comprometido a no herirte a Ti o a Tu precioso cuerpo, la iglesia, que Tú adquiriste con Tu sangre.”

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