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Septiembre 17. No se juzguen los unos a los otros. Nunca pongan un tropiezo al hermano.

sept-17-ro14-13-no-juzgarRom. 14:13 “Así que, ya no nos juzguemos más [sujuntivo de prohibición] los unos a los otros, sino más bien decidid ~~ no poner tropiezo u ocasión de caer al hermano.”

  Cuando vivía en la selva intenté criar gallinas. Compré 100 pollitos y los llevé a nuestro hogar en donde construí un gallinero. Un día observé cómo un pollito arrancó, de otro pollito, una pluma que estaba fuera de lugar.

Como resultado, el pollito sangró un poco. Inmediatamente, otro pollito picoteó ese lugar con sangre y así sucesivamente lo hicieron todos. Corrí al gallinero para rescatarlo pero cuando llegué ya lo habían matado y estaban completamente inconscientes de lo que habían hecho. Yo llamo a esto el “síndrome de la gallina”.

     Pablo advirtió, “cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Ro 14:12).  No nos incumbe tomar el rol de Dios al juzgarnos unos a otros. Cualesquiera sean las convicciones de otro creyente, no debemos juzgar sus actividades o sus motivos.

     Cristo dijo, “Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 6:1-4).

Solo Dios conoce nuestros motivos, pero si haces lo bueno solamente cuando tus acciones son vistas, reconocidas o alabadas por otros, Dios no te recompensará, por más grandes que sean. Querer tener la omnisciencia de Dios para juzgar de manera certera la motivación interior de otra persona, es pretencioso y atrevido.

     Pablo usa dos veces el verbo “juzgar” en Romanos 14:13, con diferentes connotaciones.  “Ya no nos juzguemos más los unos a los otros,” se refiere a condenar a alguien, como en el 14:3-4, 10. La segunda frase “sino más bien decidid…” refiriéndose a decidirnos a no ser críticos, pero sí a juzgar, o “evaluar” cómo viviremos para beneficiar a otros.

     Advierte, “pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles” (1 Co 8:9). El cristiano maduro será sensible a cualquier debilidad del compañero creyente y se abstendrá de cualquier cosa que pueda llevarlo a caer nuevamente en un comportamiento pecaminoso. Esto puede implicar renunciar a tus propios derechos por el bien de él. ¿Solo fingimos amar a otros?

     Amado Padre celestial, hazme muy consciente de mis actitudes críticas y de juicio hacia otros para confesarlas rápidamente cuando caigo en esta trampa. Y por otro lado, mantenme alejado de permitir que mi libertad en Cristo haga tropezar a algún hermano.”

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